Rafael Chapita Trujillo, todo un megalómano
El 24 de octubre de 1891 Julia Molina y José Trujillo Valdez vieron nacer a su hijo Rafael Leónidas Trujillo en la ciudad de San Cristóbal, República Dominicana. A lo largo de los años se desempeñó como militar, carrera que coronó cuando el presidente Horacio Vásquez lo nombró jefe del Ejército el 15 de agosto de 1927. Luego, aprovechándose de la confianza que el Jefe de Estado había depositado en él, empezó a elaborar la mejor artimaña para derrocarlo.
La estrategia que llevó a Trujillo al poder empezó simplemente cuando le ofreció su apoyo a la directiva política de la revolución, encabezada por Desiderio Arias y el postulado por el Partido Progresista a la Vicepresidencia, el general Rafael Estrella Ureña, quienes junto a José Estrella frente a las fuerzas militares atacaron la fortaleza de San Luis el 22 de febrero de 1930. Trujillo paralizó la reacción gubernamental simulando estar a favor del Presidente, cuando realmente conspiraba con los revolucionarios.
Debido a los acontecimientos, el presidente Vásquez se retiró a la fortaleza Ozama y Trujillo le reiteró su lealtad y le sugirió que una compañía de soldados cortara el paso de los rebeldes. El mandatario Vásquez dispuso que el coronel José Alfonso se encargara de la tropa, pero Trujillo desobedeció esta orden y llamó al subjefe y hombre de su confianza, Simón Díaz, para reemplazar al coronel y le dio órdenes de no hacerles ni un solo disparo a los revolucionarios.
Bajo el mando del general Rafael Estrella, el 26 de febrero las tropas revolucionarias se apoderaron de la capital y al final, el 28 del mismo mes, renunciaron el Presidente Vásquez y su vicepresidente. Rafael Estrella se convirtió en presidente provisional hasta el 16 de agosto de 1930, cuando se realizaron las elecciones en las que Trujillo salió victorioso con 223.731 votos.
Para mostrarles el desarrollo del gobierno trujillista y varias de las facetas de su dirigente me apoyaré en las obras literarias La fiesta del chivo, escrita por Mario Vargas Llosa, y En el tiempo de las mariposas, escrita por Julia Álvarez. Además, un libro escrito por Jesús de Galíndez, La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, también nos describe los períodos presidenciales del generalísimo.
En estas obras vemos al hombre que se deja llevar por una inmensa megalomanía y que utiliza a la personas para lograr lo que quiere y luego las elimina de su camino cuando le son prescindibles o cuando no están de su lado, como le dice Sinita a su amiga Minerva En el tiempo de las mariposas: “Abre los ojos, Minerva, tú hablas contra el jefe y desapareces, si tu familia hace muchas peguntas también desaparecen”. Creerán ustedes que es exagerado, pero lamentablemente así era todo con Trujillo.
Vemos al dictador que hace hasta lo imposible por mitificarse como un dios. “Dios y Trujillo” se leía en algunas calles y en los retratos del general que había en las casas. Megalómano y depravado sexual. Ese era Trujillo. Vemos cómo Vargas Llosa lo pinta en su obra como un chivo y cómo enfoca la importancia que tenía el sexo en la vida del general. Este tenía cuanta mujer quisiera, sin importar la edad, el estado civil o la familia, simplemente para él eso era imprescindible.
Nos encontramos ante la imagen de un tirano que poco le importaba la vida de las personas. Lo demostró en muchas oportunidades, una de las cuales fue, por ejemplo, el inolvidable Holocausto en el Caribe. Trujillo le dio la orden a sus soldados de matar al principio a tres haitianos por cada aldea con la intención de que estos dejaran República Dominicana. Consideraba que ellos con su piel oscura estaban infectando y perdiendo la raza dominicana. Y así fue como 25.000 haitianos, aproximadamente, vieron la muerte. Para los dominicanos negros se convirtió en un reto y en una necesidad pronunciar perfectamente la palabra perejil, pues para continuar con sus vidas debían demostrar que no eran haitianos.
Cómo olvidar el asesinato a palos de las hermanas Mirabal, la oposición más evidente contra el gobierno de Trujillo. El hecho, que se hizo pasar como un accidente de carretera, representó el final de la era de Trujillo. Seis meses después, el 31 de mayo de 1961, un grupo de hombres, entre ellos el teniente Armando García Guerrero, Antonio de la Maza y Pedro Cedeño, entre otros, llevaron a cabo la emboscada donde mataron al Chivo a disparos. De esta manera liberaron a la República Dominicana del yugo que durante 30 años mantuvo Trujillo sobre esta nación.
Por María Colina
Fotos: http://orbitaliteraria.ning.com/profiles/blogs/cosas-del-general-trujillo
http://www.apuntesiberoamericanos.com/2006/05/los-tres-entierros-de-rafael-leonidas.html
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