¿Quién quiere ser periodista?

Aló ciudadano
José Aguirre G.
Colaborador: Peter Arteaga
En los últimos años los abusos y atropellos cometidos en Venezuela en contra del periodismo han sido cada vez peores. Los oficiantes de esta profesión ya no solo tienen que enfrentar la falta de seguridad a la que están expuestos al momento de salir a cubrir la información, sino que ahora también son víctimas de la discriminación profesional, la falta de reconocimiento y la censura que practica el Estado. Se sabe que el periodismo es una de las profesiones más peligrosas del mundo, pero en nuestro país no solo es peligrosa, sino que ahora también es un pecado mortal.
La historia venezolana siempre ha registrado una tensión entre el poder y la prensa, situación que comenzó desde la época de la Independencia, cuando el Libertador Simón Bolívar fundó el 27 de junio de 1818 El Correo del Orinoco, periódico creado para antagonizar con el reino de España. Desde entonces, la prensa nacional ha sido acusada por los distintos gobiernos, cualquiera que haya sido o sea su definición ideológica, de ser la “piedrita en el zapato” y la desestabilizadora por excelencia. Y este estado de cosas se ha repetido a lo largo del tiempo hasta hoy, cuando, una vez más, se pretende callar de manera agresiva a la prensa crítica o a todo aquel que piense diferente del autoproclamado Gobierno socialista.
Todavía está fresco el recuerdo de la salida del aire del canal Radio Caracas Televisión (RCTV), hecho ocurrido en mayo de 2007. La señal de RCTV, pionero de la TV en Venezuela y fundado en 1953, hoy solo puede ser apreciada por cable. Lo más reciente en estas lides persecutorias es el ataque, que se ha vuelto una constante, a Globovisión, canal que ha tomado una postura crítica ante el Gobierno.

Después de muchas intimidaciones por parte de figurines y figurones del Gobierno, una de las eternas amenazas se volvió un hecho concreto cuando la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) abrió un nuevo proceso (decimos nuevo porque ya existen tres anteriores) el 16 de junio de 2009. Esta vez la excusa fue la opinión emitida por el periodista Rafael Poleo, invitado el 13 de octubre de 2008 al programa Aló ciudadano, conducido por Leopoldo Castillo. Director del periódico El Nuevo País y de la revista Zeta, Poleo señaló que el Presidente venezolano correrá con la misma “suerte” del dictador fascista italiano Benito Mussolini, quien fue ajusticiado por el pueblo de Italia al final del régimen de terror que impuso durante la Segunda Guerra Mundial.
Sobre este episodio con Poleo, la Organización No Gubernamental Reporteros sin Frontera (RSF), que agrupa a periodistas de varios países y cuyo objetivo es defender la libertad del ejercicio periodístico libre y la libertad de expresión, dejó constancia en una comunicación, que fue publicada en la página web de Globovisión el 23 de junio del presente año, que este procedimiento contra el conocido canal venezolano es un “capricho presidencial”.
Los medios impresos también han obtenido un pedazo de la torta represiva amasada y horneada por el Gobierno nacional, y un ejemplo lo tenemos con el diario marabino La Verdad. Este periódico ha comenzado a ser investigado por órdenes de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, y a petición del diputado de la Asamblea Nacional Mario Isea. ¿El motivo? Pareciera que al Gobierno le da igual el motivo, pero en este caso concreto se esgrime como “delito” la publicación, el 27 de mayo pasado, de unas declaraciones de Ángel Talavera, comerciante de 53 años que fue entrevistado cuando caminaba por la plaza Bolívar de Maracaibo. Sus declaraciones fueron en contra de la actual gestión presidencial.
Entre otras acciones emprendidas por el gobierno de Hugo Chávez, pero lugares comunes en países donde los gobernantes se creen seres divinos, está la creación de la Comisión Nacional de Comunicadores y Comunicadoras Socialistas (CNCS). El 7 de marzo de este año se realizó la primera reunión de esta comisión, que ha creado directrices muy precisas para los comunicadores y medios llamados “revolucionarios”. Una de esas directrices es, sin duda, acabar con los gremios y organizaciones periodísticas cuya historia los enaltece, porque siempre han enfrentado al mandamás de turno que ejerce la censura informativa y comunicacional.
Mientras los medios que ejercen un periodismo crítico son perseguidos, los medios oficialistas se encargan de disfrazar la realidad. Para estos no existe el hampa ni los secuestros ni los atracos ni las violaciones ni los asesinatos. Vivimos, pues, en un país de las maravillas que ya quisiera Alicia para sí.
Ante todos estos hechos no podemos menos que traer a la memoria el 5 de diciembre de 1998, día en el que Jorge Ramos entrevistó para la cadena Univisión a uno de los aspirantes a la Presidencia, Hugo Chávez Frías. Ante la pregunta sobre los medios de comunicación, Chávez respondió: “Basta con el medio de comunicación que tiene el Estado, el canal 8, Venezolana de Televisión; hay que potenciarlo. Con los demás canales yo tengo la mejor relación y deben seguir siendo privados”. Estas palabras pronunciadas por un hombre que buscaba a toda costa “vender” la actitud tolerante y abierta que tendría hacia los medios, viajan a través de la historia y son recogidas por Osorio U. en su artículo “Pero… qué nombre le pondré”, publicado en el diario La Verdad, versión digital.
En la actualidad ser periodista en Venezuela es correr un riesgo muy alto, porque es el equivalente a ser un perseguido si se es crítico del Gobierno nominalmente revolucionario. Y es que la administración de Hugo Chávez ha montado un escenario por el que desfilan miles y miles de tarifados cuya misión, terrible misión, es aplastar física, psicológica, económica y emocionalmente el espíritu analítico y digno que ha caracterizado mayormente al periodismo venezolano de todos los tiempos.
Pudiéramos preguntar, parafraseando un famoso programa televisivo de preguntas, ¿quién quiere ser periodista? Quién quiere serlo en un país que, como el nuestro, vive una hora oscura. Contra los pronósticos adversos, sí hay quienes quieren seguir ejerciendo uno de los oficios más nobles del mundo, a pesar de que no es desconocida esa historia venezolana en la que los periodistas han vivido cárceles, destierros y dictaduras. Además, el todopoderoso venezolano, cualquiera que haya sido, se ha librado de todo, menos de la piedrita en el zapato llamada periodismo.
Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el canal RSS 2.0. Los comentarios y los pings están cerrados.
Los comentarios están cerrados.