INTRODUCCIÓN
1. VER: ANÁLISIS PASTORAL DE LA REALIDAD
1.1. Una historia para recordar
1.2. La realidad actual en Venezuela
1.2.1. Los datos
1.2.2. Las tendencias y su significado
1.2.3. La relación / comunión fraterna
1.2.4. La misión / apostolado
1.3. Pastoral vocacional y Casas de Formación / una opción previa
1.3.1. Las vocaciones
1.3.2. Los/as formandos/as
1.3.3. Casas de Formación
2. JUZGAR: ILUMINACIÓN TEOLÓGICO PASTORAL: lo que es y significa la vida consagrada
2.1. Una fuente de vida y sentido: la consagración y la contemplación
2.2. Una fuente de acogida y Evangelio: la comunión fraterna
2.3. Una fuente de cercanía y entrega: la misión / apostolado
2.4. Un previo insoslayable: las vocaciones / buscar la voluntad de Dios
2.4.1. Las vocaciones
2.4.2. Los/as formandos/as
2.4.3. Las Casas de Formación
3. ACTUAR: DESAFÍOS Y ORIENTACIONES PASTORALES
3.1. Desafíos.
3.1.1. Desafío 1: Sólo Dios basta
3.1.2. Desafío 2: La comunión fraterna, libertad solidaria
3.1.3. Desafío 3: Servidores de la reconciliación y la esperanza
3.1.4. Desafío 4: ... Y dejándolo todo lo siguieron
3.1.4.1. Las vocaciones: llama a cada uno por su nombre
3.1.4.2. Los/as formandos/as: llevamos el tesoro en vasijas de barro
3.1.4.3. Casas de Formación: vengan y vean
3.2. Orientaciones Pastorales (VC 110)
3.2.1. La pasión por Dios: sean mis testigos
3.2.2. Inculturar la vida y el Evangelio: en todos los rincones de la historia
3.2.3. La intercongregacionalidad: caminen juntos
3.2.4. Laicado cristiano: crezcan juntos hasta la plenitud de Cristo
3.2.5. Las comunidades religiosas: que todos sean uno
3.2.6. Los pobres: para que el mundo crea
3.2.7. Sean profetas
1. La Iglesia, Pueblo de Dios, está formada por los bautizados que por su consagración bautismal constituyen un Pueblo de sacerdotes, profetas y reyes. Tienen como referencia de vida el seguimiento de Jesús y aceptan como misión
anunciar el Evangelio siendo testigos de Cristo Resucitado.
5. El Concilio pretende:
1. VER: ANÁLISIS PASTORAL DE LA REALIDAD
1.1. Una historia para recordar
7. En los inicios de la fe en América está la entrega de muchos religiosos que hicieron de la evangelización a los nuevos pueblos el sentido de sus vidas. Fueron numerosos los que “dedicaron íntegra su vida -y muchos en grado heroico- a conquistar para la fe de Cristo las tierras de América Latina, entre los que se recuerda con particular veneración, a San Francisco Solano, San Pedro Claver, San Luis Beltrán y al Beato José de Anchieta” (Río 34).
15. También en estos últimos años se ha dado una disminución drástica de los consagrados venidos de fuera. Por ello algunos institutos se preguntan sobre la posibilidad de permanecer o no en el país ante el envejecimiento y disminución numérica, con todo lo que ello supone de esperanza y temor a conseguirlo.
16. Junto con lo anterior hay que constatar también en la actualidad un crecimiento constante del número de venezolanos/as que van tomando el relevo en tantos carismas y presencias. Este hecho es considerado como un don de Dios, y motiva un gran esfuerzo de acogida, formación y acompañamiento para conseguir que la vida consagrada acontezca en Venezuela.
18. Históricamente la presencia de la vida consagrada se ha congregado mayoritariamente en algunos estados quedando otros con muy poca presencia4. Sin embargo es significativo que en los últimos años haya habido un desplazamiento hacia el oriente y sur del país. La vida contemplativa y monástica, especialmente la femenina, ha establecido una mayor presencia en los últimos 25 años.
1.2.2. Las tendencias y su significado
4 A inicios del 2000 los lugares con mayor presencia eran Distrito Federal y Miranda, seguidos por Zulia, Lara, Mérida, Táchira, Bolívar y Carabobo. Los de menor presencia, Nueva Esparta, Cojedes y Monagas.
22. El escándalo de la pobreza y la exclusión de amplios sectores del pueblo provocaron, hace años, una fuerte tendencia a la inserción, lo que motivó grandes cambios en algunos institutos. La doctrina del Concilio Vaticano II y de Medellín fue nuevo ánimo, por lo que las presencias en los lugares más pobres se hicieron más numerosas, contagiando a toda la vida consagrada con un fuerte estilo de Evangelio. Sin embargo esta tendencia se encuentra debilitada en la actualidad, coincidiendo con un momento en que el país experimenta las consecuencias de un continuo empobrecimiento y crecen en las ciudades barrios periféricos llenos de miseria y dolor.
23. Existe un fuerte despertar en los trabajos vocacionales y se multiplican sus labores. No obstante, los frutos a mediano y corto plazo son pequeños. Las razones parecen ser el desconocimiento de lo que es la vida consagrada, la dificultad entre los jóvenes para comprometerse en proyectos de vida a largo plazo, la falta, entre los cristianos, de una cultura vocacional que anime las vocaciones radicales y poca inculturación en algunas congregaciones. De hecho, nos falta mucho para que los bautizados quieran vivir desde su vocación cristiana en la Iglesia y que, para ello, busquen descubrir el carisma que “a cada uno se le otorga como manifestación del Espíritu para común utilidad” (1 Co 12, 7).
1.2.3. La relación / comunión fraterna
28. Como bautizados, los consagrados viven y expresan su fe y sus proyectos dentro de las Iglesias particulares presididas por sus obispos. Se sienten en comunión con ellos y se expresan con sentido de Iglesia. La Comisión Mixta de Obispos y Vida Consagrada es una gozosa realidad de permanente diálogo. No obstante, estas relaciones son matizadas por las situaciones propias de cada instituto, sus peculiaridades y las realidades históricas y personales de cada caso. A veces surgen dificultades en la integración de la vida consagrada, sea por excesiva independencia de algunos consagrados, sea por poca comprensión de las peculiaridades de los carismas por parte de algunos pastores, sea por la falta de planificación pastoral conjunta con la diócesis.
29. La relación con la gente es amistosa, de cercanía, tratable, pero a la vez se indica con frecuencia que se desconoce el funcionamiento real e interno de la vida consagrada. De la misma manera existe una cierta convicción de que, al margen de quienes participan directamente en la vida diocesana o tienen responsabilidades parroquiales, la relación con el obispo y sacerdotes diocesanos es escasa, por lo que puede quedar oscurecida la identidad de los consagrados en el contexto pastoral de la diócesis.
30. En la relación con el pueblo es notable el esfuerzo por situarse como voz de los sin voz, hermanos de los más excluidos. Así se hace realidad que la Iglesia se encuentre en los barrios populares, en los espacios de nuevas pobrezas y marginación y en las presencias de larga tradición entre los pueblos indígenas. Personas entregadas y comunidades llenas de cercanía son el signo de que Dios sigue acampando entre nosotros (Cfr. Jn 1,14).
31. Junto con esta realidad existen otras en las que la vida consagrada se ha acomodado, por lo que no es extraño que se le pida más radicalidad y compromiso. De hecho, la vida consagrada ofrece espacios de seguridad, por lo que algunos tienden a vivir instalados en ellos al margen de los grandes problemas de la gente.
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5 Las comisiones existentes en los años del Concilio Plenario son: Justicia y Paz, Salud, Mujer y Biblia, Formación, Inserción en Medios Populares, Afrodescendientes y Misiones.
6 Este Instituto funciona en la actualidad con el apoyo académico de la Universidad Pontificia Salesiana (UPS), el Instituto Universitario Salesiano Padre Ojeda (IUSPO) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
7 En las fechas del Concilio Plenario funcionan en Mérida, Barquisimeto y Maracaibo.
32. Ante la realidad cada vez más sensible de dar significado y espacio al laicado dentro de la Iglesia, la vida consagrada venezolana se va abriendo a compartir sus misiones y carismas en diversas modalidades según los proyectos de los diversos Quiere colaborar, así, a una relación de mayor comunión entre todos los componentes del Pueblo de Dios.
33. Las comunidades de vida consagrada en Venezuela se dedican de manera mayoritaria a la educación, seguidamente a trabajos en parroquias y en tercer lugar a obras sociales, en las que se destacan la salud, las cárceles, misiones populares, trabajos con drogadictos, niños de la calle, atención a enfermos con SIDA, ancianos, indígenas, presencia en los medios, cultura, publicaciones..., sin olvidar los espacios de retiros y oración. Como mentalidad, siguiendo una larga tradición, es grande la preocupación e implicación por trabajar con los últimos del sistema, popularizar obras, apertura a nuevos trabajos en zonas pobres, entre los que destacan obras de educación no formal y dispensarios médicos para atender a los más necesitados.
34. Junto con el hecho de estar abriendo nuevas obras y presencias por atender mejor al carisma propio y los retos del país, se da el cierre de comunidades y abandono de obras, debido a la falta de posibilidad para mantenerlas o a la orientación de cada instituto. Estos hechos provocan a veces ciertas angustias e incomprensiones tanto dentro como fuera de los institutos.
35. La vida consagrada en Venezuela ha dado respuestas muy positivas a las urgencias y necesidades de la Iglesia particular, especialmente en la atención a parroquias y vicarías, enriqueciendo así, con su carisma, el conjunto de esa Iglesia. Sin embargo, la búsqueda de compromisos apostólicos más adecuados a la índole carismática de los institutos no siempre ha sido suficientemente entendida y valorada. En el caso de las comunidades femeninas se añada a veces la poca aceptación e integración de su trabajo en la pastoral de conjunto.
36. La presencia en la Iglesia de un laicado cada vez más consciente de su misión eclesial abre nuevas posibilidades de futuro a la hora de compartir los diversos proyectos y tareas que nacen de la misión de la Iglesia.
1.3. Pastoral vocacional y Casas de Formación / una opción previa
37. La pastoral vocacional presenta al instituto, en nombre del cual se hace la propuesta, como un modo particular de vida para el seguimiento de Jesús. Contempla dos procesos diferenciados entre sí: promoción vocacional, que marca el inicio de la pastoral vocacional, y el acompañamiento vocacional, que comienza cuando un joven solicita vivir el proceso de discernimiento para el que la congregación le ha considerado apto.
38. La promoción vocacional trata de hacer llegar a la mayor cantidad de jóvenes información de los diversos institutos sobre quiénes son, qué hacen, cuál es la razón de vida, qué anima a trabajar por Jesús. Esto lo hacen todos los miembros de la congregación y no sólo ellos, sino también las personas cercanas, las mismas familias, etc.
39. El acompañamiento vocacional empieza en el momento en que el joven expresa su deseo de vivir un tiempo fuerte de discernimiento vocacional, y la congregación lo considera apto. Es el tiempo de acompañarle en una experiencia gradual y progresiva de discernimiento, en la que descubre sus motivaciones y capacidades para vivir desde el carisma elegido. A la vez se le ayuda a madurar en su dimensión humana, en la fe y en la vocación.
41. La experiencia de estos últimos años en Venezuela con los candidatos/as, presenta unos rasgos positivos que indican cierta sintonía con la vida consagrada. Algunos de ellos son: gran sentido de generosidad, connaturalidad con la oración e incluso con la contemplación, profunda afectividad, gozo y sentido festivo de la vida comunitaria, sensibilidad ante los problemas y dolores de la gente.
42. También se comprueban rasgos negativos, algunos de ellos provenientes de familias poco constituidas que no generan suficiente madurez para el equilibrio afectivo-sexual y muestran inseguridad en la toma de decisiones. Junto a ellos existen otros datos propios de la cultura de hoy como son, entre otros, el individualismo, la dificultad en las entregas para siempre o el esfuerzo prolongado, la austeridad o la transparencia; y como dato generalizado la dificultad para entenderse a sí mismo, lo que genera con el tiempo problemas de identidad.
43. Se valora la vida consagrada, pero debido el escaso conocimiento sobre la misma, al entorno social y a la excesiva vinculación a la familia, son muchas las dificultades que tienen que superar quienes optan por ella.
44. Se han abierto, y se siguen abriendo, nuevas casas de formación, se hacen esfuerzos por colocar en ellas consagrados/as elegidos para una tarea tan importante, incluso algunos superiores/as religiosos/as, conscientes de la necesidad de contar con formadores bien preparados, los han enviado a distintas facultades con el fin de que adquieran la ciencia necesaria para cumplir tan difícil misión, sea en las casas de formación propias, sea en los centros de estudios intercongregacionales.
45. No obstante lo anterior los formadores con frecuencia son insuficientes, o tienen otras responsabilidades fuera de la institución y no es extraño encontrar en algunos casos personas poco motivadas. Esto impide la atención adecuada que requieren los formandos, cuyo ideal sería un equipo de formación y la guía de alguna persona experimentada.
46. Es muy valorado el esfuerzo que se ha hecho para superar estas deficiencias con centros de formación intercongregacionales, algunos con acreditación pontificia y civil.
47. Se comprueba que no hay siempre un correcto discernimiento sobre las cualidades de los aspirantes, ya que, en ocasiones, se permite el ingreso de sujetos no idóneos o se les acepta sin que hayan llegado a una opción claramente definida, lo que en ocasiones lleva a problemas y tensiones.
2. JUZGAR: Iluminación Teológico-Pastoral: Lo que es y significa la vida consagrada
48. El testimonio de la resurrección del Señor se encarna de muy diversas formas en el Pueblo de Dios. En la historia de la Iglesia la consagración a través de los consejos evangélicos ha sido una de las formas de ese testimonio, y un signo muy particular de esa presencia del Resucitado en medio de su Pueblo. La multiplicidad de servicios en que se encarna este testimonio anuncia y adelanta la venida del Reino (Cf. 2 Pe 3, 12).
49. A los graves y múltiples problemas que vive el país, la vida consagrada pretende llevar un mensaje de esperanza, basado en la convicción y la experiencia de que por el amor desinteresado es posible vivir en comunión, en libertad, y en plena colaboración, para construir una Venezuela nueva a la luz del Evangelio. No será el número ni la edad, sino la calidad de la entrega lo que promueva este fin.
67. El espíritu de fraternidad se expresa hoy con particular significación en las comunidades de inserción (Cf. VC 90) como comunión y relación con los más débiles. Insertas deben estar todas las comunidades, pero el fenómeno de la inserción ha adquirido una significación muy concreta. Se refiere a las nuevas presencias de la vida consagrada entre los más olvidados. Hace referencia sobre todo a ese vivir en el mundo desde Dios como lo hizo Jesús, que “se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo” (Cf. Flp 2, 5-11), como solidaridad con los más pobres y contraste con la tendencia de las mayorías. Las comunidades de inserción son, además, una forma de inculturación, que trasciende los niveles meramente teóricos y folclóricos de la misma, para adentrarse en la subcultura de los más pobres. Aquí se juntan el desafío de la inculturación y la opción por los pobres.
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11 Cf. VC 46. En este número el Papa desarrolla el “Sentir con la Iglesia” de la vida consagrada, recordando el vivo sentido de Iglesia de los/as fundadores/as.
12 “Lo dicho hasta ahora acerca de la actitud de Cristo en relación con la mujer, confirma y aclara en el Espíritu Santo la verdad sobre al igualdad de ambos-hombre y mujer-. Se debe hablar de una esencial igualdad, pues al haber sido los dos -tanto la mujer como el hombre- creados a imagen y semejanza de Dios, ambos son, en la misma medida susceptibles de la dádiva de la verdad divina y del amor del Espíritu Santo.” (JUAN PABLO II, Carta Apostólica Mulieris dignitatem, del 15 de agosto de 1980, nº 16).
2.3. Una fuente de cercanía y entrega: la misión / apostolado
70. Por eso todo consagrado/a tiene como misión fundamental la entrega de toda su vida como testimonio de Dios y de su Reino en el corazón del mundo (Cf. PC 5). “Esta consagración peculiar es un compromiso a vivir con mayor intensidad el aspecto escatológico del cristianismo para ser dentro de la Iglesia, de un modo especial testigo de la Ciudad de Dios” (Med. 12, 2).
71. Pero también, y a través de sus diversos carismas, participan en misiones concretas, de manera que allí donde está la vida consagrada se da gran pluralidad de entregas y trabajos, desde la oración propia de las comunidades contemplativas y monásticas, hasta la gran variedad de labores que son caminos de evangelización, pasando por los gestos de fraternidad que se hacen propuestas de un mundo nuevo. Así, la vida consagrada debe saber leer en cada momento histórico las carencias y urgencias de la época y responder, como signo de la misericordia de Dios, con un impulso creativo en una gran diversidad de trabajos.
2.4. Un previo insoslayable: las vocaciones/buscar la voluntad de Dios
76. La vocación es un misterio de la gracia divina, por eso es necesario un acto de fe para comprometerse en la pastoral vocacional, sabiendo que la oración al dueño de la mies (Cf. Lc 10, 2) es su punto de partida. Quienes trabajan esta pastoral deben saber que prolongan la acción de Jesús (Cf. Jn 15, 16), presentan el ser cristiano como realidad vocacional y están abiertos a fomentar todas las vocaciones, ya que no se trabaja para cada uno, sino para el Señor.
77. Quienes trabajan en la promoción vocacional se entregan como si todo dependiera de ellos, sabiendo que el que existan vocaciones tiene que ver con la autenticidad del testimonio de vida, medio del que Dios quiere servirse para llamar a los que Él desea13.
78. El acompañamiento vocacional trata de brindar al joven un proceso planificado y evaluado de actividades mediante las cuales pueda descubrir lo que Dios quiere de él. Es un ejercicio de maduración discernido que se continúa hasta que esta pregunta se concreta en una elección y correspondiente donación. Tendrá mucho que ver con esta donación el que el instituto se presente con una vida de oración auténtica, de comunidad sencilla y acogedora y un claro servicio preferencial a los pobres.
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13 Cf. PC 24 “...recuerden… que el ejemplo de su propia vida es la mejor recomendación de su instituto e invitación a abrazar la vida religiosa”.
79. Se entiende por cultura vocacional, el que la comunidad cristiana se prepare y acepte fomentar, seleccionar, animar a todas las vocaciones, tanto laicales como sacerdotales y de especial consagración. En la comunidad cristiana nacen, se expresan, y participan en el crecimiento cristiano, para ofrecerse definitivamente a Dios.
80. El momento actual de la Iglesia, en el que los institutos de vida consagrada se van acomodando a nuevas situaciones, exige que se cuide con esmero el perfil de persona que se acepta desde la pastoral vocacional: personas que, desde sus posibilidades y proceso de superación de sus carencias, sean capaces de diseñar un estilo de vida en conformidad con los consejos evangélicos y el carisma de la institución en Venezuela.
81. Continuadores de una larga tradición en la Iglesia se debe pedir a las/os candidatas/os: suficiente sentido de Dios, cierta capacidad para el silencio y la soledad, estilo de servicio, sinceridad, valer para el trabajo en equipo y la siempre necesaria humildad.
82. Las casas de formación están dedicadas a garantizar: una formación adecuada a la realidad actual, lo que supone, entre otras cosas, un cuidadoso discernimiento y un permanente acompañamiento vocacional; la continua purificación de las motivaciones por las cuales se aspira a ser miembro del instituto; el desarrollo equilibrado de la personalidad humana que promueva la capacidad para el esfuerzo prolongado y las entregas para siempre; sin olvidar el equilibrio afectivo, la austeridad y la transparencia, la formación para la fraternidad y el apostolado, en especial entre los pobres y, sobre todo, una profunda formación espiritual que los haga signo y referencia de que Dios sigue entre nosotros.
83. Sabiendo que “la renovación adecuada de los institutos depende sobre todo de la formación de sus miembros” (PC 18), es hoy de máxima urgencia también una adecuada formación intelectual y doctrinal que permita a los/las consagrados/as poder comprenderse en medio de nuestro mundo y, a la vez, saber interpretar los signos de los tiempos siendo fieles al Magisterio de la Iglesia.
3. ACTUAR: DESAFÍOS Y ORIENTACIONES PASTORALES
84. Desde lo que es y representa en sus múltiples variedades, y estando encarnada en la Venezuela que inicia la andadura del nuevo milenio, la vida consagrada está llamada a ser respuesta a la voz de Dios que clama en los grandes desafíos del mundo actual. El Concilio Plenario pide a los institutos de vida consagrada en Venezuela que reflexionen y busquen caminos de respuesta desde sus carismas propios a los siguientes desafíos:
3.1.1. Desafío 1: sólo Dios basta
85. Ante el pragmatismo y el activismo dominantes en nuestra sociedad, profundizar en una actitud que sepa ir a la raíz de los problemas, allí donde Dios se hace encuentro y respuesta. “Solo Dios basta”. Ser hombres y mujeres expertos en Dios, teniendo como modelo a María, ejemplo de consagración total a Dios.
86. Ante la percepción popular de que la vida consagrada necesita seguir haciéndose más latinoamericana, y en el momento actual en el que crece el porcentaje de venezolanos: la reelaboración de los elementos de la vida de las comunidades para integrar en ellas las características de la identidad venezolana, fortaleciéndolas, y purificándolas cuanto sea necesario (Cf. GS 58, AG 18), hasta llegar a hacerla un signo atrayente de lo que significa ser consagrado/a y venezolano/a, destacando aquellas semillas de Evangelio que Dios ha sembrado en esta tierra.
87. Ante la desigual distribución geográfica actual, buscar, respetando cada situación, su progresiva presencia por todo el país.
88. Ante la presencia en parroquias, seguir colaborando con las necesidades de la Iglesia particular, enriqueciéndose mutuamente y aportando la originalidad de los dones que ofreció Dios a la Iglesia a través de los diversos carismas de los fundadores.
3.1.2. Desafío 2: la comunión fraterna, libertad solidaria
89. Ante la demanda de espacios comunitarios que muchos buscan en nuestras parroquias y obras -no tanto por demanda de mayor formación o compromiso, sino para salir de la soledad que provoca el individualismo de nuestro mundo- ser exigentes a la hora de proponer compromisos estables desde el espíritu de las Bienaventuranzas, introduciendo estas características en nuestros procesos pastorales y sus grupos.
90. Ante un mundo lleno de divisiones y exclusiones, de odios y rencores, de fragmentación y vacío interior, saber programar y ser contraste de otro mundo que se anuncia como buena noticia de los seguidores de Jesús. Ser expertos en humanidad desde las diversas tareas que se realizan.
91. Ante las grandes diferencias sociales de nuestra tierra, ante los extremos de abandono en que vive gran parte de la gente, ante la situación de los pueblos indígenas, continuar y seguir haciendo el esfuerzo de presencia e inserción con los últimos de la sociedad, destacando personas a este fin y promoviendo su educación, salud, fe y cercanía.
92. Ante la urgencia de mayor comunión e inserción en la Iglesia particular, encontrar caminos para la integración plena del presbítero religioso en el presbiterio diocesano14 y de la vida consagrada en general en la programación y estructuras pastorales de las diócesis. Pero en todo caso es importante que se den pasos en una relación de mayor conocimiento y colaboración entre obispos, clero diocesano y vida consagrada.
93. Ante la necesidad de lograr una mejor coordinación de esfuerzos, cada cual, desde la propia misión o carisma, se exhorta a la creación en las Iglesias particulares de instancias de comunión en las que participen el clero diocesano, los religiosos y religiosas y los laicos.
95. Ante el reconocimiento cada vez más extendido del valor del ser y el hacer de la mujer consagrada en la Iglesia, fomentar un cambio en las actitudes que son obstáculo para la plena participación e integración de las consagradas en la organización de la vida eclesial. Todo el Pueblo de Dios, en particular los pastores, debe cuidar y fomentar la creación de espacios donde se dé esta plena integración, según las directrices de la Iglesia universal.
3.1.3. Desafío 3: servidores de la reconciliación y la esperanza
96. Ante la tendencia mundial de valorar poco el compromiso apostólico, la fidelidad para siempre y la radicalidad, seguir clarificando y acompañando la formación de los/as candidatos/as a la vida consagrada para una vida de donación radical, en el seguimiento de Jesús.
97. Ante el empobrecimiento general del país, vencer la tentación de buscar otras seguridades basadas en el poseer o en las estructuras de la institución. Formar las nuevas generaciones de consagrados en la opción por la vida sencilla y la misión preferente con los pobres.
98. Ante el poco número y progresivo envejecimiento de algunos de sus miembros en diversos institutos, para mantener las obras y trabajos que llevan y, a la vez, reconociendo la riqueza que supone que una parte del laicado de manera cada vez mayor comparte los carismas de la vida consagrada, tomar como orientación no cerrar obras de Iglesia y para ello favorecer la corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios.
99. Ante la necesaria integración en las diversas diócesis, participar en los trabajos pastorales desde una pastoral de conjunto, donde se integren adecuadamente las necesidades pastorales de la diócesis con la vivencia de los carismas particulares.
100. Ante la regionalización de los diversos institutos de vida consagrada con visiones internacionales, conjugar, con sentido de Evangelio, las necesidades de cada grupo y cada país.
101. Ante Venezuela será desafío y labor participar en cada coyuntura histórica, junto con toda la Iglesia, en la construcción de un país que refleje los grandes valores que proclama el Evangelio: igualdad, solidaridad, justicia, paz...
3.1.4. Desafío 4: ...y dejándolo todo lo siguieron
3.1.4.1. Las vocaciones: llama a cada uno por su nombre
103. Ante el poco conocimiento y valoración de las vocaciones en nuestro país, fomentar entre los cristianos una decidida cultura vocacional que valore y sirva de soporte para las llamadas y entregas definitivas a Dios15.
104. Ante la necesidad, en la Iglesia, de todo tipo de vocaciones, tanto las parroquias como los colegios católicos y las obras de la vida consagrada, deberán favorecer toda la diversidad de vocaciones laicales, consagradas y sacerdotales que necesita el Pueblo de Dios, de manera que sean centros de promoción y discernimiento vocacional. Para ello se debe dar a conocer las distintas vocaciones eclesiales, ofrecer espacios de reflexión y maduración, poner en contacto con testigos de estas vocaciones y animar las mejores opciones de los jóvenes.
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15 “El problema de las vocaciones es un auténtico desafío que interpela directamente a los Institutos, pero que concierne a toda la Iglesia” (VC 64).
3.1.4.2. Los/las formandos/as: llevamos el tesoro en vasijas de barro
105. Ante la exigencia que pone nuestro mundo en unos rasgos determinados de la valía personal, fomentar los valores presentes en nuestros jóvenes formandos, para que desde ellos tengan una experiencia comunitaria y apostólica positiva. De esta manera pueden ser signo de que su opción vocacional está llena de sentido16.
106. Ante el necesario proceso de integración de la dimensión afectivo-sexual en la personalidad, clarificar la ayuda de los formadores y los demás ámbitos formativos, para llegar al conocimiento de sí en profundidad y desde él avanzar en una maduración progresiva en estos temas y los aspectos relacionales ligados con ellos.
107. Ante la poca perseverancia de las vocaciones, organizar y cuidar el discernimiento vocacional, el acompañamiento y la formación, para desarrollar y dar sentido a su opción vocacional dentro de la cultura emergente. Dada la importancia de este tema es necesario que los candidatos profundicen: en el conocimiento interno de la persona de Jesucristo y de su proyecto; en el conocimiento de sí mismo, utilizando los medios que sean necesarios de las ciencias humanas; y en la comprensión vital e histórica de la congregación a la que se quiere integrar.
3.1.4.3. Las Casas de Formación: vengan y vean
109. Ante el esfuerzo de la vida consagrada en Venezuela por ofrecer centros de formación de calidad, se favorecerá la participación del mayor número de institutos en dichos centros, la revisión entre todos de sus resultados, la reflexión tanto de las/os superioras/es como de los formadores, en espacios y foros que ya existen o se creen para ello.
110. Ante la comprobación del ingreso de personas no idóneas y de la transferencia de algunos entre instituciones, se debe cuidar mucho más el proceso de selección y admisión de los/as aspirantes, poniendo en práctica las indicaciones emanadas de la Iglesia universal y de cada congregación. Se aconseja recurrir a la ayuda sicológica especializada tanto para la selección como para la formación18.
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16 Cf. CIC, c. 652 § 2.
17 Cf. CIC, c. 651.
18 Cf. CIC, cc. 641-645.
19 Cf. CIC, c. 660 § 1.
3.2. ORIENTACIONES PASTORALES: (VC 110)
112. Es propio de la Iglesia discernir los signos de los tiempos y tratar de responder a las urgencias más sensibles. Corresponde a los institutos de vida consagrada participar en esta tarea desde sus carismas particulares. En este contexto el Concilio Plenario presenta a la vida consagrada en Venezuela las siguientes orientaciones pastorales:
3.2.1. La pasión por Dios: sean mis testigos
113. A través de la historia de Venezuela la vida consagrada ha sido maestra en la oración. También hoy, en un mundo que tiende a construirse al margen de Dios, urge mantener cuanto se hace y, a la vez, crear nuevos espacios que sean escuela y taller de la vida con Dios, que muevan a adorarlo en “espíritu y verdad” (Jn 4,21).
114. El Concilio recuerda esta misión fundamental a los/as consagrados/as en la Iglesia. Pide también fomentar y ofrecer una espiritualidad que sea signo del amor y presencia de Dios. Testigos que en su ser y hacer den razón de la esperanza cristiana y ofrezcan medios para el encuentro y experiencia de Dios, desde la lectura orante de la Palabra y de la vida. Por ello se espera de los consagrados, como mujeres y hombres de oración, recibir el ánimo que ellos reciben de Dios20.
115. Urge también que desde la catequesis hasta la liturgia eucarística, desde los procesos juveniles hasta la constitución de comunidades, en todos los apostolados propios de la diversidad de carismas en la vida consagrada, se usen estilos y símbolos comprensibles para el pueblo, que desarrollen el sentir y gustar a Dios, de manera que se acompañe al pueblo para que no pierda su capacidad contemplativa de Dios en el encuentro con el mundo moderno.
3.2.2. Inculturar la vida y el Evangelio: ...en todos los rincones de la historia
116. Un aporte que debe hacer la vida consagrada a la Iglesia en Venezuela consiste en fomentar la sensibilidad y solidaridad de los cristianos, hacer que no falte en la Iglesia la presencia de los dolores y esperanzas (GS 1) del pueblo y, como consecuencia, sugerir respuestas e iniciar gestos que anticipen el mundo al que Dios nos llama. Respuestas y gestos que se iniciarán en la misma vida comunitaria de cada instituto. De esta manera, la vida consagrada, como elemento carismático y profético, debe recordar a la Iglesia y al mundo las exigencias radicales de la
vida cristiana21.
3.2.3. La intercongregacionalidad: caminen juntos
117. La vida consagrada en Venezuela debe continuar uniendo esfuerzos en su espiritualidad, en el mundo de las relaciones y en el apoyo común a las grandes tareas. De esta manera, ocupando el espacio propio que los consagrados tienen en la Iglesia en Venezuela y en la sociedad, debe dar rostro al acontecer de esa vida consagrada y así ser expresión de la Iglesia para nuestro pueblo de una manera de entender y hacer la educación, la salud, y la comunión, en especial a favor de los olvidados.
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20 Cf. CIC, c. 663.
21 Cf. CIC, c. 573 § 1.
22 La Vida Religiosa a través de CONVER emitió el documento “Servir y dar la vida”, sobre el compromiso de la Vida Religiosa Católica Venezolana ante la problemática del VIH/SIDA en Venezuela, el 22 de junio del 2000, fiesta del Corpus Christi, con la intención de llamar la atención sobre este serio problema.
23 Cf. CIC, c. 677 § 1.3.2.4. Laicado cristiano: crezcan juntos hasta la plenitud de Cristo
121. Es tarea de toda la Iglesia hacer realidad lo que significa ser Pueblo de Dios; esto es encontrar juntos y valorar el espacio, la misión y hasta los contornos de la identidad de los ministros, consagrados y laicos. Los consagrados, desde su ser cristiano, comparten con ministros ordenados y laicos la misión, la corresponsabilidad y el mutuo acompañamiento.24
123. Será oferta de la vida consagrada a estos laicos: participar con ellos en descubrir la densidad de su vocación laical, trabajar juntos para llegar a ser sujetos sociales en la Iglesia y la sociedad, y compartir con ellos el envío a las estructuras de nuestro mundo. De esta manera la vida consagrada colabora con su reflexión y experiencia, en ofrecer a la Iglesia caminos para el laicado cristiano.
3.2.5. Las comunidades religiosas: que todos sean uno
124. Una tarea que debe desarrollar la vida consagrada es trasmitir su experiencia de vida comunitaria en una Iglesia en la que, en gran medida, se han ido diluyendo los contornos comunitarios, y seguir recordando que la dimensión comunitaria no es algo opcional para el cristiano sino de su esencia (Cf. Hch 2, 37-41 y Hch 4, 32- 35).
125. Este Concilio anima a la vida consagrada a mantener vivo el testimonio de la comunidad como lugar de acogida y experiencia cristiana, como referencia laical, en especial de quienes participan de los carismas, así como espacio de llamada y formación de vocaciones. Y pide a los consagrados que sus comunidades sean lugar desde el que hagan creíble el Evangelio y la comprobación de que es posible una nueva humanidad. Y para ello sean un espacio de crecimiento de la persona y la vocación, de la experiencia de Dios y del mundo y de la inserción en la vida desde la causa de Jesús26.
126. En un mundo con las relaciones rotas y un gran sentido individualista, la vida consagrada debe tener como gran tarea retomar la utopía divina de la fraternidad y confianza mutua, asumiendo las fragilidades de nuestro mundo y, desde ellas, trabajando por la restauración de las relaciones entre todos.
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25 Cf. CIC, c. 677 § 2.
26 Cf. CIC, c. 602.
3.2.6. Los pobres: para que el mundo crea
128. Hoy, cuando muchas labores y obras ya no pueden realizarse o mantenerse sin la ayuda de otras instituciones públicas o privadas no propias, la vida consagrada, consciente de las dificultades que tiene por número y edad, debe introducirse en el alma de esas mismas instituciones, y desde ellas ser una señal profética por su estilo de entrega, una fuente inspiradora de respuestas y un medio de provocar preguntas sobre la fe y la fraternidad.
129. Este Concilio considera que la opción por los pobres es uno de los desafíos más importantes y pide que se favorezca la reflexión, la planificación y la oferta de medios, para proponer a todos caminos que sean respuesta ante las grandes desigualdades y exclusiones que padece la mayoría del pueblo. De esta manera se abren espacios entre cristianos y no cristianos en trabajos compartidos, en la solidaridad que nace del respeto al ser humano y en la apertura a la promoción de vínculos ecuménicos.
130. La vida consagrada, que nació como contraste de un mundo cuyos valores no son los del Evangelio, debe ser hoy profecía de la esperanza y espacio de diálogo, al mismo tiempo que instancia crítica que busca la reforma de costumbres, de estilos y hasta de leyes en desacuerdo con el Evangelio. Ambas cosas debe hacerlas con su característica de humildad, paz y constancia28.
131. Este Concilio pide finalmente a las personas consagradas, y como la mejor aportación a la Nueva Evangelización para Venezuela, que busquen la fidelidad creativa a lo más profundo de lo que significan en cuanto memorial de Dios y su Reino. Como parábola de otros destinos y valores deben concretar en cada caso este contraste y así ser memoria en cada situación histórica de Dios sumamente amado, de una Iglesia servidora siempre en camino, y de la posibilidad de una humanidad mejor. Y espera la aportación de numerosos/as jóvenes consagrados/as que, habiendo sentido la invitación a dejarlo todo por lo único necesario (Cf. Lc 10,41, Mc 10,21), hagan de la entrega total a Dios un camino lleno de sentido y de frutos a favor de la Iglesia y de Venezuela. De ellos también se espera una gran historia que construir.
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